June 10, 2026

El secreto: el amor

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🎧 Escucha el Mensaje en la voz de La Jardinera

Los pájaros son los primeros que se levantan. Cuando el sol apenas va a amanecer, ya se despiertan y cantan.Y entonces ya llaman a sus polluelos y dicen: "Prepararos que vamos a preparar el desayuno", es decir, la comida para todo el día.

Todo el día la pasan volando, buscando mosquitos, gusanillos, pero todo, todo lo que vuela es el alimento para ellos, también comen frutos, frutos salvajes, en esta ocasión, en este lugar, frutas también cultivadas.

Y cuando ya llega el atardecer, empiezan, ahora se puede decir que a las siete, ya empiezan a decir: "Tenemos que ir al nido, tenemos que descansar y comer lo posible, porque ya toda la noche no nos moveremos y tenemos que descansar, dormir para mañana por la mañana".

Y así es, cada polluelo, cada hijo y cada bebé reconoce su nido, pero más que su nido es el cantar de sus padres, el cantar de sus padres, ese piu-piu, cada uno es diferente.Y ahí seguían los hijos para ir al nido.

Quería deciros que un pájaro come al día su peso, lo que pesa un pájaro se lo come con mosquitos, moscas, polillas, todo lo que vuela, y también gusanillos.Tienen que comer piedrecitas muy pequeñitas que hay en las hierbas, en los campos o en el césped.

Hay piedrecitas muy chiquititas y os voy a decir por qué las comen.

Es obligatorio comer esas piedrecitas para que su estómago pueda digerir lo que come: la hierba, la fruta y también los mosquitos. Es igual que cada ave, por ejemplo, las gallinas, las palomas, tienen que comer también mineral.

Unas piedrecitas pequeñitas las tienen que comer y en el estómago eso les ayuda para poder hacer la digestión y digerir mucho mejor, porque hay muchos alimentos que a veces están caducados, no lo de las tiendas como nosotros, sino lo que encuentran o tienen desherbante, o ha pasado otro animal o está infectado.

Y esas piedrecitas les sirve de mineral y antídoto, es muy curioso, pero así es.Y come un pájaro la cantidad de comida que pesa, es interesante saberlo para todos los jóvenes o los que no lo hayan leído o estudiado.

Me gusta, soy muy curiosa y transmitir es compartir, no quedarnos para nosotros lo que sabéis. Servidora sabe pocas cosas, pero lo poco que sabe me gusta compartir porque enriquece y me enriquece, por eso os pido, todo lo que se guarda se pierde, compartirlo es extraordinario.

Os hablaré un día de los simios, los simios eligen y escogen un árbol, varios al día, pero hay uno en particular que es venenoso, pero venenoso para el hombre, para ellos es tóxico y saben que tienen que comer unas hojas para poder digerir las otras hojas que comen de los árboles, porque si no tendrían indigestiones, flatulencias y estarían enfermos y morirían.

Es muy interesante la vida de nuestro planeta y la vida del Universo, eso se llama querer contemplar el tiempo, querer conocer el tiempo, querer conocer la vida. Pero eso es solamente un pequeño detalle que comparto con ustedes, con vosotras, mis semillas.

Mis queridas semillas,

en un pueblo que aquí se llama La Provence, La Provincia, es un pueblo donde está cerca del mar, hace mucho sol y hay campos inmensos sembrados de lavanda, de girasoles, de claveles, pero los claveles que llamamos Clavellinas, son perfumados, son los claveles antiguos, que tienen un perfume increíble.

En La Provence existen pueblecitos que los han guardado típicos, como el pueblo de toda la vida que hay en todos los lugares y en todos los países.

Pueblecitos donde viven los aldeanos, la gente de sus pueblos, taan hermosos y con una paz y una tranquilidad increíble. En uno de esos pueblos vivía un pintor, un pintor muy famoso, muy famoso, os podría decir Velázquez, Goya, Picasso, Dalí, porque estamos por aquí, Watteau, muchos, Monet, muchos pintores, pero ese era especial.

Hacía unas pinturas que estaban vivas, era ya bastante anciano y por eso continuaba viviendo en su pueblo, porque no buscaba ni el éxito ni la gloria, simplemente transmitir para que la gente comprara sus obras si le gustaban.

En las grandes ciudades se hablaba mucho de ese pintor. Y un día un joven pintor de una gran ciudad quiso ir a conocerlo, cogió el avión y llegó a lo más cercano a este pueblecito, llegó al pueblo y preguntó: “¿Dónde vive el pintor?”

Y le dijeron: “Vaya a aquella casa, al final del pueblo, hay unos árboles, es una casita pequeña, allí lo encontrará.”

Efectivamente, allí estaba sentado delante de su puerta, corría un viento fresco y él estaba delante con una taza de té.

Llegó el joven, lo saludó respetuosamente y le dijo:

“Buenos días, maestro.”

“Buenos días.”

“He venido expresamente para que me enseñe su secreto de pintar. Quiero aprender su pintura, tiene usted un secreto y vengo a que me lo transmita.”

El pintor lo miró y efectivamente le gustó ese joven y le dijo:

“Con mucho placer te voy a transmitir mi secreto, cuando quieras empezamos.”

El joven saltó de alegría y dijo: “¡Por fin voy a tener el secreto!”

Entonces, se sentó al lado del pintor y el pintor cogió su pincel y le dijo: “Toma, aquí tienes mi pincel, mójalo, y aquí tienes la cartulina, es decir, una tela donde puedes tú pintar.”

El joven cogió el pincel, lo mojó donde le dijo y empezó a pintar.

¡Sorpresa! Salió garabatos, es decir, nada, una cosa, no se podía ni leer, ni ver, ni comprender.

Y le dijo: “Maestro, esto no es pintura. ¿Por qué no me dice su secreto? Encima me ha dado usted el pincel más viejo que tiene.Y no tiene cerdas.” Cerdas son los pelos del pincel.

“Es un pincel que está roto, apenas tiene.”

Y entonces el maestro, sonriendo, le dijo: “Préstamelo, por favor.”

Le dio el pincel viejo que él utilizaba, lo mojó en su tinta, cogió otra tela, hizo una línea, ¡ras! Rapidito, rapidito, rapidito.Y el joven lo miró y con la boca abierta dijo:

“No me lo creo, no puede ser, ha hecho trampa, maestro.”

El maestro muy lentamente le dijo: “No, ¿qué ves?”

“Maestro, veo un bambú que se mueve, veo un bambú como si el viento lo estuviera moviendo, se está doblando y este está recto y aquí está moviéndose. ¡Es espectáculo! ¡Está vivo!”

El maestro lo miró y sonrió, esperó un momento y le dijo: “Te invito a una taza de té, tómatelo con calma, tómatelo con gusto, tómatelo alegre, tómatelo con esa esperanza, tómatelo.”

Se sentó el chico que venía de la ciudad para saber el secreto.

Mis amadas y queridas semillas, el secreto no existe.

La moraleja de esta historia es: no miréis nunca el instrumento, no apreciéis las nuevas técnicas, las nuevas instrumentos, los nuevos métodos artificiales, electrónicos, como queráis llamarlo.

Solo hay un secreto: el del amor.

¿Y de dónde viene el del amor? Tiene que salir solo del corazón.

Entonces le dijo: “cuando quieras saber un secreto, abre tu corazón y deja que tu mano te dirija y te lleve a hacer una creación que te hable, que puedas comunicar con lo que tu mano ha dibujado.”

“Por eso mis pinturas vienen a buscarlas, porque hay que hacerlo con el amor del corazón. Ningún instrumento es mejor que lo que tú darás de ti mismo, ese es el secreto. Da lo que tienes dentro de ti y te saldrá la vida en el lienzo, en el papel, en la pared, donde tú quieras pintar, ahí darás ese amor que será vida.”

Con todo mi amor,

La Jardinera.

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