
🎧 Escucha el Mensaje en la voz de La Jardinera
Mis queridas semillas,
Unos trabajadores de una empresa muy muy alta internacional fueron a una academia donde solamente estaban los letrados, científicos y encontraron al más sabio.Y le hicieron una pregunta:
“¿Maestro, cuánto tiempo necesitamos para alcanzar la iluminación?”
Y el maestro le dijo: “Es muy fácil, el día que no la veréis, ese día que no la veáis, entonces estáis en el Camino de la Iluminación.”
Los dos obreros se miraron uno al otro y dijeron: “No comprendemos”,
“Continuar el camino y la vais a encontrar.”
Uno al otro se miraron, pero no habían comprendido la respuesta.
Ha dicho el maestro que miremos y ahí encontraremos.Continuaron andando, iban andando y de pronto pasaron delante de una casa particular.
¿Saben ustedes, mis semillas, esas casas que son muy especiales, trabajan solo señoritas para hacer favores a los caballeros? Solamente pueden ir caballeros, y esas señoritas tienen una profesión que no nombraré.
Tiene un nombre esa casa, pero puedo herir a los oídos sensibles, pero hacen un trabajo muy especial que solamente ellas pueden hacerlos, van muy ligeritas vestidas y muy atractivas. Los obreros pasaron delante de “esa casa”, entre comillas, y de pronto se quedaron observando porque vieron entrar un rabino.
Entró el rabino y el compañero le dice al, al otro compañero, -olvidé de deciros que los obreros eran católicos, los dos obreros eran católicos, católicos. -
Al ver al rabino que entraba en esa casa de las señoritas ligeras o señoritas especiales, dijo un compañero al otro: “¿Qué puedes esperar? Son rabinos, pues dónde quieres que vayan, pues ahí, vale.”
La casa en cuestión se llama burdel.
Entraron, esperaron, salió el rabino y no muy, no tardó mucho en entrar un protestante, entró el protestante y le dijo el otro compañero: “Mira, compañero, viene de entrar ahora un protestante.”
Y el otro le contestó: “¿Qué esperabas? Es un protestante, pues claro, van ahí.”
“¡Caramba!, vaya, vaya, vaya, vaya.”
Y no tardaron mucho en ver que entraba el párroco del pueblo católico.
El padre del pueblo, de la iglesia del pueblo, entró también en esa casa.
Se miraron los dos y dijeron: “¡Vaya! Es católico y ha entrado también, esto sí que no me lo esperaba.”
Entonces, se fueron andando y se fueron cada uno a su casa.
Moralidad de esta historia: nunca puedes tener prejuicios, nunca puedes saber quién son.
Si no conoces dónde van, lo que hacen, y nada de juzgar, nada de criticar.
Hablar siempre con la Verdad y nada de prejuicios.
¿Qué comprendieron esos dos obreros? Eran católicos.
No pudieron alcanzar la iluminación porque les dijo el sabio:
"Mirar, mirar y escuchar, cuando lo veáis, tendréis la iluminación".
¿Y qué hicieron? Miraron, juzgaron, pero no comprendieron que los prejuicios y juzgar a los otros no es la Iluminación, es la Luz que llevamos dentro.
Espero, mis semillas, que los oídos sensibles no se hayan insensibilizado.
Y que comprendamos que el hombre ha venido en el planeta atemporal únicamente, que continúa siendo mortal y que igual que ha nacido, tendrá que irse. Venimos para nacer y morir y así nos tenemos que preparar para el último viaje, que es el más feliz, porque es donde no conoceremos ni dolor, ni celos, ni prejuicios.
Así que el Alma la tenemos que alimentar con la Fe Auténtica, esa Fe que llevamos dentro y que la tenemos que hacer crecer.
Con todo mi amor,
Vuestra Jardinera.