
🎧 Escucha el Mensaje en la voz de La Jardinera
Mis queridas semillas,
La historia de hoy es bonita como todas, tiene algo que me gusta mucho, porque son una historia de unos campesinos que tenían cafetales, ahí venimos a lo que me gusta, ¡el café!
Entonces, eran veinte propietarios campesinos que habían recortado su café y estaban contentos. Habían recogido grano sobre grano y eran felices, muy felices.
Y dijeron: "Vamos a ir a venderlo, porque el sábado es el día del mercado." Y todos prepararon sus sacos y fueron a venderlo. Resulta que cuando llegaron al mercado vieron que había aumentado el café y que en vez de valer lo que siempre lo habían vendido, se había multiplicado, era el doble.
¡Estaban contentos, alegres! Se miraron entre ellos y dijeron: "Este año es el año más bueno que hemos tenido, es el año de nuestra abundancia, es el año verdaderamente que hemos hecho la fortuna." Y eran felices.
Cada uno lo fueron vendiendo. Uno lo vendía muy alto, el otro alto, el otro alto, cada quien más alto.Y estaban felices.Cuando terminaron de venderlo, se reunieron y dijeron:
"Ha funcionado, ha ido bien el comercio." Y todos dijeron:
"De maravilla, de maravilla, entremos a casa y preparemos ya la cosecha del año que viene, Vamos a prepararla de nuevo." Y eran felices, felices.
Pero aquellos veinte campesinos, cada quien miró uno al otro y pensaban:
"Mira, ¿sabes qué? Me voy a ir por el camino corto, porque así nadie me seguirá y no tendré que dar explicaciones ni decirle cuánto dinero he ganado."
El otro campesino dijo: "Voy a ir por el medio de la ciudad, porque ahí nadie me conoce y no me harán preguntas." Y así sucesivamente, cada quien tomó un camino diferente para llegar a la propiedad.
Y en el medio del camino, el primer campesino o propietario de su café lo asaltó un ladrón y le cogió todo el dinero que había ganado. Estaba decepcionado, se sentía muy mal y sin hablar, sin decir nada, entró a su pueblo, a su propiedad, y no encontraba alivio en ninguna de las palabras, ni en lo que veía.
El segundo vendedor de café que había cogido el camino de la ciudad, allí también lo pararon y le robaron todo el dinero, al tercero, al cuarto, hasta que llegó al veinte. Le robaron a todos porque sabían que habían ganado mucho y que había sido un año de buena cosecha.
Al llegar al pueblo, había un anciano sentado delante de la puerta en la plaza y los vio venir y les dijo:
"Vecinos, ¿qué pasa?¿Qué tenéis?" Ellos lo miraron y no se atrevían a decirle ni a contestar.
Y le dijo: "Veamos," el anciano."Vamos a ver, cuando os habéis ido esta mañana, estabais contentos y una sonrisa enorme, enorme, y ibais tan felices, que solo de veros me habéis hecho pasar un día muy feliz. Y ahora volvéis, habiendo ganado mucho dinero y habiendo vendido todo el café, y os veo tristes, apagados, sin palabras, con la cabeza baja, ¿Qué pasa?"
Se miraron entre ellos y dijo el anciano de nuevo: “¿No os atrevéis a decirme?, decirme algo”
Entonces uno de los campesinos le dijo: “Nos han asaltado y nos han robado el dinero del café.”
“¿Y cuántos eran los ladrones? Tres, a mí vinieron tres y me lo cogieron a la fuerza.”
Y el otro dijo: "A mí también, a mí también".
Y eran los mismos, los habían seguido, pero el anciano los miró y dijo: “¿Cómo es posible? Si eran tres y vosotros sois veinte, ¡no me lo puedo creer! ¿Cómo es posible que tres sean más fuertes que veinte?”
De nuevo agacharon la cabeza y contestaron:
“Vecino, los tres ladrones estaban juntos y bien unidos.”
Y nosotros éramos veinte, pero desunidos, por eso nos pasó.
Mis semillas, moralidad, cuando un grupo está unido, nadie puede tocarlo. Nada le puede pasar, porque la unión siempre hace la fuerza. Pero cuando se separa la fuerza, entonces entra la debilidad.
Y fue así como comprendieron que tenían que estar unidos para lo bueno, para lo menos bueno, para ganar dinero, para trabajar, para reír y para amar. Recordar bien, mis semillas, estar unidos es tener una fuerza grandiosa.
Así que os deseo que cuando trabajéis, unid vuestras fuerzas, unid vuestras ideas, unid vuestros proyectos, unid vuestra sabiduría, porque nadie os la podrá quitar, sino, al contrario, la multiplicaréis.
Con todo mi amor,
vuestra Jardinera.