
🎧Escucha el Mensaje en la voz de La Jardinera
¡Mis queridas semillas!,
La primera vez que fui al Nepal, hacía muchos años, ¡muchos!, ¡muchos!, y lo encontré una maravilla, me encantó.
Me encantó su gente, amable, gentil, cariñosa, siempre sonriendo, siempre amable. Me preguntaba por qué y empecé a mirar, a observar.Y cuando vi cómo comían, cómo vestían, comprendí que no tenían nada, por eso eran felices.
Que estaban desprendidos de todo valor, es decir, habían cortado las ataduras con todo lo que es y lo que nos ata a nosotros: el dinero, el poder, la posesión. Ellos no tenían este pensamiento. Vivían el día a día, pero felices.
Observé a los niños, la cara sucia, los mocos colgando, medio vestidos, porque los bebés no tenían para ponerse ni pantaloncitos ni tampoco había esas braguitas de plástico, Pampers, no sé cómo los llamarán en cada país, pañales.
Entonces pregunté por qué iban así con el frío que hacía (Estábamos a cuatro mil metros, un pueblo, un pueblecito).
Y me dijeron: "Porque las madres no tienen nada para poder lavarlo", y comprendí.
Pero los niños sonreían y las madres también.
Encontré ancianos con mucha sabiduría, pero había uno muy especial y le dije a nuestro guía, Kesy, un chico de Nepal, de Katmandú, que para comer me dijo: "Soy guía".
No lo era, pero nos enseñó todo lo que teníamos que ver, era muy joven. Éramos el primer grupo de la Enseñanza que viajaba al Nepal y éramos felices.
Mi amada Cristina, te mando todo mi amor porque eras la que más tenías miedo del tigre.
Donde vivíamos, a cuatro mil metros, repito, había tigres que venían y se comían a los aldeanos. Era un pueblecito, bueno, una aldea y tenían un perro que les avisaba cuando venía el tigre, entonces cerraban las puertas y así se protegían.
Pero resulta que mi amada Cristina, que hoy está en la Luz, mi amada Cristina empezó a oír el perro y dijo: "Este perro no me deja dormir, a este perro lo voy a callar".Y cogió un taburete de madera muy pesado y lo tiró al perro y lo mató.
Era de un tercer piso, así que el pobre perrito venía a avisar que venía el tigre, y dijo: "Por fin se ha callado el perro, ahora podemos dormir".Al día siguiente los de la aldea lloraban y le hicieron una ceremonia al perro, porque era quien les avisaba para cuando venía el tigre, porque tenían los animales y el tigre comía lo que pillaba y lo que encontraba.
Era una aldea muy pobre, como siempre hay en todos los lugares del planeta. Así que al día siguiente miramos todos a mi amada Cristina y le dijimos:
"¿¡Qué has hecho?!"
"Me molestaba para dormir."
"¿Y ahora si viene el tigre y te come?"
Como era muy miedosa, fue corriendo a la ciudad de Katmandú a buscar un perro y lo trajo, y los aldeanos estuvieron tranquilos.
Pero aquel sabio de la aldea me intrigaba mucho, era muy viejito, todo arrugado, con su, su sombrerito, ahora no recuerdo cómo se llama. Su sombrerito con forma de barco, muy delgadito.Y le pregunté:
"¿Cómo se llama su sombrero?" Y me dijo: "Mi sombrero..." Buscaré el nombre.
Me dice: "Es la forma del mapa del Nepal, por eso lo llevamos todos".
Me gustó ese detalle y entonces vino y me dijo:
"¿Puedo bendeciros?"
"¡Claro que sí!"
"Pues mañana vendré a vuestra casa y bendeciré la casa y os bendeciré a vosotros."
¡Yo estaba la más feliz del mundo! Nos iba a bendecir, porque este señor era como un rabino, como un pastor, como un sacerdote, como un gran hombre de religión.
Y al día siguiente, a las seis de la mañana ya estaba delante de nuestra puerta.
En la montaña del Nepal el sol se levanta muy pronto, muy pronto, estaba delante y toda la aldea con él. Salimos, les ofrecimos lo poco que teníamos: unas galletas y una tisana. Estuvo muy contento, pero dijo: "Antes tengo que hacer la tika, hacer su bendición".
Se sentó en el suelo, limpió el suelo, dibujó un redondo, lo puso de arroz y un círculo de rojo y otro de amarillo. Llevaba un cubito con agua y una ramita de un árbol. Después tenía otro recipiente con arroz y polvos amarillos, que lo mezclaba y hacía una pasta.
Y después, el que le ayudaba le daba como un cubito estilo jarra y se lo daba, todos estábamos sentados en forma de lotus, y él vino y nos puso una pelotita de esta mezcla amarilla en el chakra seis, en la frente, eso era la bendición a cada uno.
Hicimos la reverencia, que es darle gracias, y después en la casa también lo hizo.
Y por último, nos presentó la jarra para beber, pero el líquido era un líquido un poco como amarillo marrón, muy oscuro.
Y le pregunté: "Disculpe, maestro”, (porque no sabía cómo se le llamaba, señoría, no podía llamarle padre, no podía llamarle rabino, no podía llamarle emir).
Entonces, “¿qué es lo que hay ahí dentro?¿Es un medicamento? ¿Es una tisana?"
Y me dijo: "No, es mejor, es mucho mejor, esto es medicinal".
"Pero ¿qué es?¿Dónde lo recogen?"
"Ah, es muy sencillo, es el pipí de la vaca, cuando mea la vaca lo recogemos y lo bebemos, porque es un medicamento muy bueno."
¡Mis semillas, mis amadas semillas! Puedo hacer lo que queráis, pero aquello ¡no me lo bebí!, ¡no me lo bebí!.
Y claro, el grupo hizo como yo, no lo tocamos, nos miraron muy raras y nos dijeron: "Esto viene de Dios".Y le dije: "Señor, disculpe, somos muy ignorantes, pero preferimos que lo tomen ustedes", y se lo bebieron.
A ellos no les pasó nada, pero nosotros nos libramos de algo, así que continué y le hablé y le dije:
"¿Cuál es su filosofía de vida?"
La respuesta era sencilla: trabajar y hacer el bien, trabajar y hacer el bien.
"Pero hay gente muy mala", le contesté.
"La gente mala se aparta si tú tienes buenos sentimientos y buenos pensamientos."
"¿Pero y si te hacen daño?"
"¿Sabes tú lo que le hiciste en otra vida?"
"No."
"Entonces no tengas miedo, tienes tu protección, somos hijos de Dios."
Hablaba muy poco, pero muy profundo.
Dice: "Yo nunca miento, porque yo no soy juez, pero tenemos a alguien más grande que nos ve, que nos juzga y que sabe lo que hacemos, no nos castiga, somos nosotros que no obedecemos."
Y continué preguntando:
"¿Hace régimen?¿Hace ayunos?¿Qué hace?"
Dice: "Solo medito, no puedo hacer ayuno porque tenemos poca cosa para comer, pero ayudo a quien lo necesita y sé que arriba nunca me faltará, ni para comer, ni para vivir.”
Me quiso leer libros de los Vedas, libros que están escritos en sánscrito. Era hindú, él era hinduista y es hinduista, pero claro, no hablaba inglés y Servidora tampoco, así que continué y me dijo:
“nosotros, los hinduistas, es decir, los de la India, los del Nepal, todos los hinduistas, cuando nacemos nos dan nuestra educación los padres y los religiosos, y hay un principio de no cortarse nunca el cabello. No hay que cortarse nunca el pelo. El pelo es lo más precioso que tenemos.”
Yo le contesté: no puede ser, yo me lo corto, dice: el hombre nunca se lo corta.
La mujer, como verás, aquí todos los tienen largo.
No comprendo, le dije, te lo voy a explicar, el pelo para una mujer es su belleza, pero también es una riqueza. Si un día no tiene para comer, siempre tiene precio el pelo, el cabello.
Es la belleza y es lo que hace distinguir del hombre, nosotros los hombres, tengo el pelo largo desde que nací.
Y digo: no me lo puedo creer.
Dice: sí.
Entonces, su sobrino le dijo: “Tío, enséñaselo.”
Y el tío contestó: “Lo tengo prohibido, no se puede enseñar, soy religioso.”
Y le dije: “Puede tener toda la confianza, porque nosotros trabajamos para el Universo, para el Universo y estamos aquí haciendo un trabajo espiritual. Entonces, dijo: “por la primera vez voy a hacer una excepción.”
Se quitó su gorrito y empezó a sacar una trenza, salió la trenza, empezó a salir, a salir, a salir, a salir, no se terminaba, llegó hasta el suelo. Medía más de dos metros, nos quedamos asustadas.¿Nunca se lo ha cortado?
Y dijo: “no”.
“¿Por qué?” Le pregunté. “Reverendo, perdone mi osadía, ¿pero por qué?”
Y me explicó: “El cabello son antenas que tenemos y estas antenas se conectan con el Universo y con los Seres más elevados.Y esos Seres de Luz nos transmiten la Luz, la espiritualidad, el amor, la compasión y ayudar al prójimo.”
Me quedé sin palabras.
“Por eso tengo aún el pelo desde que nací, y puedo ir a bendecir y ayudar”.
Con mucha delicadeza, recogió de nuevo su trenza, la puso como un rosco redondita, la metió dentro de su gorrito y se lo colocó.
Me puse de rodillas, le besé los pies y le di las gracias.
Y todo mi grupo le hizo una gran reverencia por el noble gesto que hizo, delante de extranjeros, sin ser su religión, fue muy noble, así que ya lo sabéis.
En la India es sagrado el pelo largo, cuando alguien se rapa la cabeza, aquí en occidente, se llama castración o cambiar de vida o empezar una nueva vida o quitarse el pasado y querer empezar algo nuevo.
Para nosotros los occidentales, cortarnos el pelo no tiene importancia, para los hinduistas, los taoístas, habéis visto seguramente en el Japón a los samuráis, el pelo largo porque son antenas que van directamente a Dios.
Si tenéis la suerte de ir al norte de la India, Srinagar es donde viven los que llevan un turbante de color, se llaman los Sikh. Allí tienen otra religión, son hindús, pero tienen una religión diferente, mitad hinduista y la otra mitad islámica.
Pero creen en los profetas y son los que siempre están trabajando para dar de comer a toooodos los que los necesitan y los que no necesitan.Tienen siempre los templos abiertos para dar de comer desayuno, comida y cena.
Son los Sikh, son los hombres más grandes físicamente, más robustos y son la armada y los soldados de la India, los más temidos también. Ellos desde que nacen no se cortan el pelo, por eso llevan el turbante. La barba recogida con un elástico, se la doblan para que no se vea, es larga, y el pelo todo escondido, pero lo tienen larguísimo y también está prohibido cortarlo, porque lo guardan como el tesoro más grande por tener la comunicación con un Universo y con Dios.
Imaginaros lo que representa el cabello para ellos, así que cuando veáis a un hindú con un turbante de colores, porque llevan colores varios, a veces también sombra un poco marrones, pero siempre lo llevan de colores muy bonitos. La barba siempre, y debajo de ese turbante llevan su mata de pelo de un metro, dos metros, depende la edad que tienen.
Quería contaros esta historia, que es real, porque estuvimos en la India y omití transmitirla.
Hoy ha sido el momento, he visto una amiga que me ha sorprendido porque no me dijo nada y ha venido rapada, y está guapísima. Le va a crecer con más fuerza el cabello, pero también aprovecho para explicar el significado.
Cada religión es única y cada re-religión es muy buena si se sabe aplicar, pero cuando se deforma, ahí está la pérdida de la persona que no anda en el Camino Recto. La Enseñanza siempre os dirá seguir el Camino Recto, seguir el Camino del Maestro, seguir el camino de vuestra conciencia, seguir el camino de la Luz.
Nunca os caeréis, nunca os pasará nada, solo lo que escogéis, porque vuestra vida os pertenece a vosotros.
Y elegís vuestras alegrías, vuestros llantos, vuestras penas y vuestra felicidad.
Espero que os haya gustado esta historia que viví en el Nepal.
Aún continúan en la aldea, las mujeres van a buscar la leña a la selva, le llaman la selva, donde están los árboles, en la montaña, y vienen cada mujer con un fajo de leña y los niños. Los hombres, ellos trabajan desastres, hacen pantalones, chaquetas, bordan, hacen jerséis.
El trabajo de la mujer lo hacen ellos y la mujer labora, labra el huerto, el campo, planta las patatas, la soja, cuida los niños, los animales y va a buscar leña para hacer la comida.
Fue una experiencia extraordinaria.
He vuelto varias veces y siempre vuelvo con esa alegría.
Hay muchos templos de Buda, muchos templos, también hay templos hindús preciosos y viven las dos religiones juntas, mano a mano.
Cuando los persiguieron del Tíbet, tuvieron que exiliarse.
Los países más cercanos eran el Nepal y la India.Y allí viven los tibetanos, que son los budistas, pero viven en armonía, porque las dos religiones se respetan mutuamente.
Mis semillas,
Con todo mi amor,
vuestra jardinera.