
🎧 Escucha el Mensaje en la voz de La Jardinera
Mis queridas semillas,
Esta historia es la primera de este año y va a continuar así…
Esta vez había un cirujano muy famoso, uno de los mejores de este planeta, vivía en Viena, en la gran Universidad de Viena de Medicina. Y este cirujano tenía muy buena fama y a sus alumnos les enseñaba para que fueran los mejores cirujanos. Que cuando hicieran una operación, la hicieran bien, le hicieran meticulosa y que pudieran salvar vidas.
Este cirujano les habló de la anatomía de los órganos, en general, de todo lo que es el cuerpo humano. Los alumnos estaban muy interesados, y muy contentos y atentos.
Entonces, el cirujano los miró y les dijo:
“Si queréis ser cirujanos, tenéis que aprender dos cosas que no se os olviden, solo dos. Si las retenéis, seréis los mejores y habréis ganado, pero dos. La primera, es no tener náuseas ante la sangre, las vísceras, todo lo que vais a ver del cuerpo humano.
No tengáis náuseas, es la primera y la segunda es observar, observar, son dos palabras, si llegáis a tener esas dos palabras, seréis los mejores cirujanos del planeta. Y ahora os voy a hacer una práctica donde vais a ver y tendréis que hacer como yo, esta técnica siempre funciona”
Había unos frascos de líquidos y había uno que era muy oscuro, un olor nauseabundo. Era como si fuera un líquido de muerto, algo horrible, horrible. El cirujano metió su dedo dentro y todos con una cara de asco, pero mirando muy serios, metió el dedo dentro, lo sacó y lo chupó.
Entonces, los miró a ellos y les dijo:
Ahora ustedes van a hacer la práctica, lo mismo que he hecho yo, lo mismo.
Y los alumnos se miraron unos a los otros y todos, todos, todos metieron el dedo y lo chuparon.
¡Era un gusto horrible! Un olor fatal, pero lo hicieron y el maestro cirujano, el más grande que había en esa universidad, les dijo: “Felicidades por el primer gesto que habéis hecho, felicidades, porque estáis aprobados. Habéis metido el dedo y lo habéis hecho, eso es lo mejor. Pero estáis suspendidos por el segundo”
Y todos miraron de sorpresa, no comprendían, hicieron igual que él. Y entonces les explicó: “Os he dicho que tenéis que observar. Y es observando que un cirujano puede saber cómo está el órgano, cómo está por dentro el enfermo y lo que ve. Y vosotros no os habéis dado cuenta que he metido el dedo índice, lo he mojado y me he chupado el dedo del corazón. Y vosotros habéis chupado el mismo dedo que habéis mojado.”
Los alumnos se miraron y el maestro dijo: "Tenéis que empezar de nuevo, pero si no lo aplicáis, la observación, nunca llegaréis a ser cirujanos.”
Esto nos enseña en la vida que antes de decidirnos, tenemos siempre que probarlo, que tener la práctica o que preguntar, porque no todo vale, no todo sirve, sino aquello que estamos seguros que sí, que nos funcionará.
Os llevará y la conciencia es la que guía siempre en el camino de la Luz.
Con todo mi amor,
La Jardinera.