
🎧 Escucha el Mensaje en la voz de La Jardinera
Mis queridas semillas,
Nos estamos preparando para ir a la India, país maravilloso, con muchísimas sorpresas agradables. Vais a descubrir unos colores que nunca habéis visto, unas sonrisas que también nos llegarán al corazón.
Y para las semillas femeninas van a ver los saris, ese traje típico que llevan en la India, que son preciosísimos, maravilla de maravilla. Parecen, bueno, más que Maharajás, princesas, reinas con sus joyas, con sus manos decoradas.
Veréis, y muchas cosas más, vais a ir a descubrir a Ganesh, uno de sus dioses, que adoran y que aman mucho, pero no será el único, ni el solo, hay muchísimos. Así que estamos hoy preparándonos para la India.
Está la fiesta de los colores que consiste en reunirse veinte mil, cien mil personas y tirárselas unas a las otras un polvo de color… azul, como el arcoíris, con unos colores preciosísimos. No os preocupéis que no hace daño, no molesta los ojos ni a la cara, lo hacen especial para poder tirarlo y festejar la alegría de los colores.
Pero hoy vamos a hablar de la India de un tren. Hay muchísimos trenes, han cambiado. Cuando Servidora fue a la India, al subir en el tren no sabíamos dónde estábamos, porque nos encontramos, no sé, un vagón para 50 personas y había 300, solo os diré eso, con departamentos para dormir, para sentarse y en cada parada te vendían comida, fruta, bebidas, o la ventanilla, o subían en el tren y lo hacían rápido, rápido, te vendían comida. La comida es muy buena, pero unas olores, unas olores, todo el tren se olía a comida, pero teníamos que comer así que comprábamos. Y fruta y frutos secos.
Era muy folclórico, mucho, mucho.
También había folclore, en ciertas estaciones grandes subían dos o tres o uno eunucos y hacían, cantaban, bailaban, se les daba una limosna y eran los más felices, los más felices porque habían dado su vida a Dios. Eso ya vendrá esta explicación más tarde.
En este tren ha cambiado porque arriba del tren, en el techo, subían los que no pagan, es decir que subían, no sé, cien o doscientas personas más en cada vagón sobre el techo, pero también llevaban al mercado cerdos, mayales, chanchos, cabras, ovejas, gallinas, pavos, todos los animales que pueden ustedes imaginar, en cajas o atados las cuatro patas, colgados en su cuello, subían, se empujaban los unos a los otros, y encima del tejado, allí había un zoo, pero un zoo vivo. Y tenían que aguantarse, cogerse bien. Y cuando llegaban a la estación, bueno, era algo espectacular ver cómo bajaban.
Parecían hormiguitas unos detrás de los otros, son muy hábiles, muy hábiles, y tienen que estar muy rápidos y espabilados. Rapidísimo, porque el tren no esperaba mucho, aunque siempre era largo. Bajaban, subían, no tenían que perder a los niños, a las gallinas, a las ovejas, a las cabras, etcétera, etcétera.
Y las mercancías, porque unos llevaban también para vender o intercambiar. Eso fue mi primera experiencia y viaje en tren en la India. ¡Os tranquilizo, mis semillas! ¡Os tranquilizo! No es igual, ahora los trenes son full confort, aire acondicionado, cada uno tiene su asiento, pulcro, modernísimo, ahora están casi más modernos que nosotros.
Ha avanzado muchísimo, pero os hablo de unos 35 años, así que ha evolucionado rápido. En pocos años ha dado un cambio de 180 grados, mejor para ellos. Claro, las tradiciones siempre son las tradiciones.
En este tren que os hablo, estaban, la mayoría eran señores. Y se miraron entre ellos, llegó la noche y estaban allí, tenían sueño, pero claro, con las luces encendidas se miraban los unos a los otros y uno de ellos les dijo, “¿qué les parece si apagamos la luz? y aprovechamos para dormir antes de llegar, cada uno puede pararse en su estación, pero al menos descansaremos. ¿Están de acuerdo?” Y dijeron “sí”, pero claro, los otros pasajeros que querían la luz encendida dijeron, “¿saben qué? Pónganse en este vagón y nosotros nos vamos al otro”. “Muy bien”, así fue. Se quedaron estos señores tranquilos, apagaron su luz y empezaron a dormir, felices, estaban en paz, estaban tranquilos, estaban muy bien.
Y de pronto, en el silencio, se oye una voz. “Tengo sed. ¡Ay, qué sed tengo! Tengo sed. ¡Ay, si no fuera esta sed! Tengo sed. ¡Ay, qué sed! Tengo sed.”
Aquellos hombres, dijeron, “¿se callará? ¿Se callará? ¿Se callará? A ver, esperemos un poco a ver si se calla.” No se callaba. “Tengo sed. ¡Qué sed que tengo! Tengo sed.” Y ya uno de ellos se levantó y dijo, “no puedo más.”
Tranquilo, se fue, va al lavabo, cogió un vaso, lo llenó de agua y se lo trajo, y dijo, “tenga. beba agua hasta que no tenga más sed”. Se bebió toda el agua y dijo “¡Oh! ¡Gracias!” Entonces se fueron a sentar de nuevo y dijeron, por fin terminaremos el viaje en paz.
Estaba durmiendo cuando de pronto oyen una voz, primero bajita. "¡Qué sed tenía! ¡Qué sed tenía! ¡Huy tenía una sed! Es que me estaba muriendo de sed. ¡Huy qué sed tenía! Y tenía mucha sed. ¡Y qué sed tenía! Y tenía mucha sed.”
Mis queridas semillas, vamos a sacar una moraleja, de este mensaje, que nuestro cerebro, cuando no tenemos problemas, el mismo cerebro se encarga de crearlas, y cuando no se tiene problemas, siempre se buscan, porque así es.
Ese señor no tenía ningún problema, pero su cerebro estaba buscando ¿cómo puedo molestar?, ¿cómo puedo no dejar en paz a toda la gente de este vagón?.
Así que buscó una excusa para ser odioso, fastidioso, molesto, pero eso es el cerebro, si no lo controlas, siempre te dominará y te hará ver de un granito de arena, una montaña y te hará ver que no tienes problemas, pero te los va a crear, porque te va a decir: y mañana, ¿si no tienes comida? Y mañana, ¿si no sabes dónde ir? Y mañana, ¿si no tienes un almacén, una tienda o un comercio? Y mañana, ¿si estás en una silla de ruedas? Y mañana, ¿si estás enfermo? Y mañana, ¿si te abandonan? Y mañana, ¿si no sabes dónde dormir? Y mañana, ¿qué será de ti si tienes el Alzheimer? Y mañana, ¿qué será? ese es el cerebro.
¿Por qué tenéis miedo de perder un amor, un cariño? Si puede haber mil, puede ser ñoño estas palabras, ridículas o ñoñas, ridículas, pero puede ser una montaña cuando el cerebro empieza a pensar ¿y la estará mirando?, ¿le mirará las partes bajas?, ¿le mirará las partes altas?, es ridículo.
¿por qué hacer una montaña cuando uno puede estar tan tranquilo y decir, bueno, hay tantas flores en el campo, que seguro que encontraré mi preferida o mi preferido. Hay muchos árboles en este planeta.
¿Cuál es el más hermoso? para mí todos, pues ya encontraréis un árbol.
Esos son para las chicas y para los chicos ya encontraréis flores. Si hay millones y millones, ¿por qué os vais a contentar con una flor que está ya estropeada, que está vieja, arrugada, y que no tiene ni olor, ni color.
Habiendo tantas, ahora estamos en la época donde las flores están por millares. ¿Por qué tenéis miedo de la miseria? ¿Alguna vez Jesús ha dicho que nos íbamos a morir de hambre? Nos ha dicho, “nunca os faltará de nada teniendo a mi Padre”
No seáis trozos de carne, ni cacas de vaca, por favor, mis semillas, seáis lo que tenéis dentro, la Luz Divina y creer en ella hoy más que nunca, hoy más que nunca, y veréis que seréis fuertes, que estaréis seguros de vosotros mismos, que tendréis una fuerza increíble.
Con todo mi amor,
La Jardinera, ya casi en la India.