
🎧 Escucha el Mensaje en la voz de La Jardinera
Mis queridas semillas,
Había un pastor que estaba paseando sus ovejas cerca del mar y venía esa brisa tan agradable y él se acercó un poquito, pero no mucho, porque las ovejas, había peligro. Entonces contemplaba el mar y decía: “qué sereno, qué tranquilo” y más miraba y más pensaba.
“Qué lástima, si tuviera un medio de transporte llevaría mis ovejas al otro lado de donde está el mar”, no era muy ancho, porque allí hay una ciudad donde me las comprarían carísimas y ganaría mucho dinero.
Pero ¿cómo podría hacer?” y estaba paseando cuando de repente vio una barca, se acercó al barquero y le dijo: “le voy a comprar la barca, voy a llevar a mis ovejas del otro lado”, “muy bien” entonces montó sus ovejas llenó la barca llena, llena, llena y las llevó y era el hombre más feliz del mundo porque iba a vender sus ovejas a la otra ciudad que veía a los lejos.
Llegó con la barca y al llegar, pues allí ató su barca, bajó a sus ovejas y la llevó al mercado.
Qué alegría empezó a mirar de un lado del otro, evidentemente era una ciudad más grande que el pueblo donde él vivía y dijo “¡huy! es espléndido qué mercado más grande” y enseguida se las quitaron de las manos, se las compraron todas y dijo “nunca me hubiese imaginado, ¡cuánto dinero! ¿qué voy a hacer?”
Dice “pues mira voy a cargar ahora la barca de dátiles, de garbanzos, de lentejas, de frijoles, de arroz, lo voy a llenar y después no solamente para mi familia y mis amigos, pero también para abrir una tienda y vender. Estaba tan feliz, tan feliz que llenó su barca y aún le sobró dinero y dijo: “qué buena intuición, qué bueno”.
Entonces se subió en la barca y empezó a remar, bueno empezó a entrar y ya cuando estaba en el medio del mar estalló una tormenta y la tormenta empezó a moverse, a moverse, a mover la barca, a mover la barca y empezó a entrar agua y dijo este buen hombre,
“¡huy! si entra el agua se va a hundir la barca, pero si se honde me voy a hundir yo y me ahogaré, pues mira tengo sólo una solución”.
Empezó a tirar cajas de dátiles, cajas de arroz, cajas de lentejas, todo lo que llevaba, azúcar, aceite, todo y dijo “¡Huy! está aún más fuerte” y lo fue vaciando hasta que, así, pudo controlar la barca y llegar al otro lado.
Cuando iba llegando ya a la riva es decir a la orilla, el mar se calmó y parecía una balsa, tranquilo y sereno, entonces se bajó de la barca y miró tristemente que no había podido salvar nada y dijo “fíjate, ahora mar estás tranquilo y sereno. ¿Qué me has hecho? menos mal que he guardado lo que me ha quedado del dinero.”
En eso que estaba pensativo el hombre porque había perdido todo, pasa un hombre y le dice “Hola, buenas tardes”,
“buenas tardes”, dice “¿Qué tal?” Dice, “mire, con esta mar tan calma, yo que usted haría viajes y negocio con mi barca. Está perdiendo usted una ocasión muy grande. Porque con la navegación se gana mucho dinero.”
El hombre lo miró y dijo, “efectivamente ahora está muy calma el mar, pero hace un momento se comió todos los dátiles, toda la carga, todo lo que llevaba, todo se lo comió y desde que se lo comió, se ha calmado”.
Aquel hombre no comprendió, pero la moraleja os la voy a decir, mis semillas:
Así fue como el hombre pudo aprender, con una experiencia, y aprendió.
Así se conformó porque se conoció a él mismo y supo esperar antes de empezar el nuevo negocio. Así que mis semillas, cuando queráis hacer algo, reflexionar, pensar, meditar porque hay que arriesgar en la vida.
Unas veces te sale muy bien y has ganado y otras veces pierdes pero te sirve de lección y entonces lo cambias para mejor. Siempre para mejor, nunca, nunca hay algo que salga mal sino algo que se puede arreglar y mejorar.
Con todo mi amor,
La Jardinera.