
🎧 Escucha el Mensaje en la voz de La Jardinera
Mis queridas semillas,
En un prado muy verde, lleno de árboles, flores, había una niña, y esa niña estaba paseándose, queriendo coger flores para su madre.
Iba andando, mirando, y de pronto se paró y vio una mariposa que estaba enganchada en un pincho. Al acercarse cogió delicadamente la mariposa, muy delicadamente y con todo su amor le dijo: “no tengas miedo” y poco a poco le sacó ese pincho, la detuvo en sus manos y la mariposa voló.
Y la niña dijo: “¡oh! que bueno”, cuando se giró la niña para ver donde volaba la mariposa vio delante de ella un hada, “¡un hada!” se exclamó la niña, “un hada, que bonita, que tiene colores, ay que brillantes, parece purpurina, ¡parece polvo de estrellas!” Y la contemplaba, la contemplaba, y entonces mirándola helada, le dijo:
“oh la niña, por haber salvado la vida, haber tenido este gesto y salvado la vida, te voy a conceder un deseo, a darte un deseo.”
La niña la miró con unos ojos grandes, estaba maravillada de ver esa imagen tan linda y la miró y le repitió: “por haberme salvado la vida, te concedo un milagro ¿que deseas niña?”
La niña contemplando, no lo creía dijo: “¡ser feliz! Quiero ser feliz”, la hada se acercó a ella y puso su manita alrededor del oído de la niña y le habló, le habló muy bajito y le dijo unas palabras, y la niña sonrió a partir de ese momento, ¡nunca más!, fue la misma.
Cuando llegó a su casa, pasando por las calles, la gente la miraba, vio que había algo, aquella niña tenía algo, alguna cosa brillaba, alguna cosa, alguna cosa brillaba, tenía algo que emanaba aquella niña, tenía como un imán, daba sonrisas, daba amor, daba simpatía.
Algo tenía, la gente iba, la miraba, le hablaba, tenía algo, no sabía el qué, pero ya solo sonreía, solo sonreía. Llegó a su casa, y su madre la miró, y le dijo, “hija, qué cambiada te veo, no sé qué ha pasado, pero te veo muy cambiada, no sé pero es que te veo diferente”, y la niña sonreía, sonreía, sonreía.
La niña fue creciendo, y ya se hacía mayor, y continúa siempre con su alegría, y siempre sonriendo y feliz, era muy feliz, muy feliz, muy feliz. Un día se reunieron todos los vecinos, y la gente del pueblo hablaban entre ellos, y dijeron, "tenemos que hablar, porque ahora ya se ha hecho mayor, imaginaros, cuando se vaya", quería decir una vez que se fuera definitivamente al Cielo, “entonces nos quedaremos sin saber el secreto, nos tiene que decir el secreto, nosotros queremos ser felices, y si se va, no nos dará el secreto”.
Hicieron una reunión, estaba el señor alcalde, estaba toda la comitiva, y ya era muy viejecita, y le dijeron, “por favor, queremos saber el secreto, porque queremos ser feliz como tú, hemos pasado toda esta vida llorando, sufriendo, con problemas, y si tú eres siempre feliz, queremos ese secreto que te dio la hada. Tienes derecho a compartirlo, porque somos de la misma ciudad.
Y la niña que ya era una señora mayor les dijo, “Os lo voy a decir, no me la habéis preguntado, con gusto os lo hubiera dicho, es muy sencillo. El hada me habló al oído y me dijo, Mira niña, todas las personas que ves alrededor tuyo, de esta ciudad, todas, todas, todas, se dan los aires que son potentes, que tienen fuerza, que están seguras de ellas mismas, que no tienen problemas, que están bien, que son autosuficientes, bueno, que lo tienen todo, pero no te lo creas, solamente son aires que se dan. En el fondo, te necesitan.”
La niña no comprendió, te necesitan, si haces lo que te piden, verás que serás feliz toda tu vida. Y estaban todas escuchando. Y claro, todos le habían pedido, “oye niña me duele mucho, aquí a la espalda ¿me das un masaje?” daba un masaje, “oye niña no puedo ir a comprar”, iba a comprar, “oye niña tengo que ir a aquel pueblecito que encargué unos zapatos”, fue al pueblecito, “oye niña…”, y así cuando era mayor, “tengo averiado el coche, ¿me puedes llevar?”, “¿me puedes hacer esto?, ¿me puedes hacer aquello?”
Ese fue el secreto que me dio el hada, nada más, nada más, y desde entonces es lo que he hecho. He ayudado en pequeñas cosas, en grandes, en escribir a quien no sabía, en ayudar al que no podía andar, el que no veía, el que estaba en una silla de ruedas, lo que me pedían, y nunca me ha faltado nada porque todos me han recompensado, pero la felicidad es más grande aquel que da y te llena más que lo que recibimos.
Así que la gente la miró, bajaron la cabeza, se levantaron y se fueron, pero antes de irse la miraron, sonrieron y le inclinaron la cabeza, dándole las gracias por esas palabras del hada.
Mis semillas, recordarlo cada día, siempre hay un Ángel Guardián que os habla al oído, siempre hay un hada, por muy invisible que sea, siempre hay una flor, siempre hay un árbol, siempre hay una planta, que os hablará.
Lo único que necesitáis es prestar atención y si prestáis atención, lo oiréis y seréis felices porque hemos venido para vivir el instante, ¡pero feliz!, ¡pero feliz!, digo bien el instante y ser feliz.
Con todo mi amor,
sonreír y vuestra Jardinera también lo hará