
🎧 Escucha el Mensaje en la voz de La Jardinera
Hoy mis semillas compartiré algo que he vivido, es una historia de un joven, de un joven que no sabía muy bien cuál era su identidad, lo que quería hacer, ni realizar en su vida, como hoy, todos los jóvenes. Pero un día decidió coger su guitarra e irse a un departamento, donde allí conoció, por la revista, a un cantante.
A un cantante y esa música le llegó al alma, y su corazón comprendió por una vez lo que quería hacer, cantar, cantar. El chico era brillante, algo tímido, pero atrevido. Y cogió y se fue y se dirigió a este departamento muy grande también, donde había muchísimos cantantes y músicos, muchísimos.
Y ahí conoció a su ídolo que estaba en el hospital, le había dado una parálisis, no podía hablar, no podía moverse. Estaba en la cama, solo, e iban a verlo solo los cuatro músicos que conocía, y algunos amigos.
Como toda en la vida, mis semillas, cuando son famosos la gente o cuando tiene muchísimo dinero o poder, tiene mucha gente alrededor, amigos, conocidos, está siempre rodeado. Cuando llega una desgracia, una enfermedad, un accidente o la ruina, vemos que esos amigos poco a poco se van yendo, porque tienen trabajo, porque tienen obligaciones, porque se cansan.
No son amigos, ya no hay ningún interés sobre esa persona que idealizaban, pero que finalmente es un trozo de carne muerto en un hospital. Estaba vivo, pero en estado vegetativo. Este chico joven fue a verlo, y le dijo, “ he compuesto una canción para usted, porque es mi vida y lo que me dio la razón de ir a la música, que es lo único que quiero.”
Así que empezó a cantar, él le cantó su canción, estuvo muy contento el enfermo, a igual que su amigo que lo acompañaba. Y así fue como empezó su vida, y fue a cantar a pequeños centros, a lugares donde apreciaban las canciones country o la música country.
La música esta que nos gusta a todos, y los mejores cantantes, como Bob Dylan, en la época de los años 60, 70, era el ídolo número 1, con otro estilo de los Beatles y de otros.
Entonces este chico, cuando lo oyeron cantar, tuvo un éxito rotundo, pero a él no le gustaba ser famoso y no le gustaba que lo reconocieran por la calle, no lo dejaban vivir, no lo dejaban tranquilo.
Empezó a vivir en un pequeño apartamento, no se cuidaba de él, porque los músicos y los artistas no viven por la casa, no viven por la decoración, no viven por lo que les rodea, no viven por la vida que hay alrededor suyo, nada les importa.
Solamente lo que reciben del Universo, la música, como Mozart. Mozart parecía alegre, pero era simplemente porque tenía esa alegría que le venía del Universo y componía, ya empezó a los tres años y a los seis ya daba su primer concierto.
Este chico no, este chico ya debía de tener 18, 20 años y se hizo muy famoso, pero estaba vacío. Él decía que no necesitaba nada, que lo tenía todo, solamente quería componer, cantar y su música. Y así fue, pero encontró el amor, una chica muy bonita, muy enamorada de él, pero él, lo importante era su música.
Ella tenía paciencia, porque lo quería mucho, pero él no le daba la importancia que ella requería, ni el valor, ni consideraba que ella estaba dejando toda su vida por él. El ser humano no puede vivir aislado, es igual que el animal, necesita su manada, necesita su compañera, su amistad, su compañero, su compañera.
Y así fue como poco a poco, ella lo dejó, llorando, pero no podía tener esta vida porque él dormía o hacía sus necesidades de amor y después se levantaba para escribir y preparar la nueva canción.
Pero ella quería una vida compartida, compartida y él la quería a su manera, la consideraba a su manera, pero no compartía su vida, su vida era la música. Así que, como todos los enamorados, los celos la comían, se juntó este chico a cantar y conoció a Joan Baez, es una cantante americana que seguro la conocéis todas.
Canta como un ángel, es lindísima y tiene una voz de ángel, preciosísima. Entonces, al encontrarse dos cerebros juntos, cantaban juntos. Pero como pasa en todos los sitios, hay una rivalidad, hay unos celos, o simplemente, cada uno quería ir de su lado.
Este chico no quería estar atado, una vez más era su música, era sus canciones.
Todas las empresas de discos, de música, se peleaban por él. Le daban el dinero que él quisiera, pero él no le daba importancia al dinero. Lo que quería era crear música y cuando lo dejó esta chica él encontró también algo con otras chicas, pero duraba muy poco porque con todas pasaba lo mismo. Una vez que habían estado juntos él ya se cansaba y volvía de nuevo a lo que le gustaba sus canciones. Él vivía por la música
Mis semillas, os he dicho muchas veces que si no tenemos un equilibrio entre lo físico y el alma, entre el cuerpo y el alma, no podemos tener esta serenidad y esta paz. No podemos ser ni ermitaños, ni tampoco ídolos y estar en el candelabro día y noche.
Es imposible, porque si subes arriba de todo, va a pasar como todos los artistas, cantantes, artistas de cine, de teatro. Suben a lo más alto y la caída es más grande y ahí ya van al infierno. Pero si eres una ermita también no vas a ningún lugar porque esperas encontrar la iluminación y no te llega porque no es el momento, no es para ti o no es en esta vida.
¿Y qué pasa? El aislamiento hace que tú vengas más introvertido, que no comuniques, que no tengas ganas de ver a nadie, en una palabra, no soportas a nadie, ni te soportan a ti. Y es una vida estéril, así que tenemos los dos lados opuestos y a este chico le pasó eso.
Una gran fama, pero un gran vacío, en unos años que pasaron fue a ver a esta chica la primera novia y le dijo te recuerdo que hace ya años que lo dejamos y él no decía nada se quería quedar allí.
Porque no sabía dónde ir, necesitaba afección, necesitaba un poco de cariño, un poco de humanidad, un poco de humanidad. Y escuchó por azar que en la habitación había alguien que dijo en voz masculina, “¿con quien estás hablando?” Entonces él cogió la puerta y se fue. Muy correcto, se fue.
Pero de nuevo no sabía dónde ir, encontró otra compañera y la compañera pensó que estaba enamorado y le dijo yo te quiero, la chica, yo te quiero. Y él la miró y dijo “¿cómo me puedes querer si nos conocemos poco?”
Yo tengo mi música, pero entonces pues haz lo que tú tengas que hacer y la dejo en la calle plantada y se fue. Asimismo, asimismo, y de nuevo se fue a la música.
Cuando se encontraba solo, pensaba, todo el mundo me adora, todo el mundo me quiere, tengo muchos fans. Todos quieren estar conmigo, pero nadie me pregunta de dónde vienen estas canciones, de dónde las saco. Saben que las estoy creando y escribiendo, pero nadie me lo pregunta, solo quiere oír, escuchar, solo recibir, solo recibir.
Y en esos momentos él estaba solo, completamente solo y volvía de nuevo a otro apartamento. También, sin un rincón preferido, sin un lugar agradable, o un lugar de aquellos, en francés se llama Coussi, es decir, como una bombonera, porque sea hombre o mujer, siempre que tener un rincón, que tú lo cuidas, que puedes poner un altar, que puedes poner una imagen de Buda, de Jesús, de la Virgen, un ángel,
O simplemente un ramo de flores, porque te da alegría, porque te da esperanza, porque te da la vida.
Este chico, no, le daba igual cómo iba vestido, siempre un jersey, un pantalón, nada más, no le importaba sus pelos, no le importaba nada en absoluto. Pero siempre iba de un lado al otro perdido, completamente. ¿Qué le faltaba? El camino recto. El camino recto es la Espiritualidad, es reconocer tu conciencia, que es donde está tu Alma, es saber que tienes un Alma y que eres Alma antes que cuerpo.
Fumaba mucho, bebía regular con los amigos, pero no encontraba la felicidad. Era el vacío total, el vacío total. Se fue de su país, vivió en otro, que hay la libertad, se hizo muy famoso porque cantaba la libertad.
Cantaba sobre todo para ayudar a no hacer la guerra, a que exista la paz, contra la injusticia, contra el racismo, contra todo lo que no nos gusta. Pero no quería que se acercaran a él, no quería convivir con nadie, solamente había un gran vacío dentro de él.
Tanto es así que le han dado los premios, premio de la música, de la canción, de autor, premio, de toda su existencia y también el Nobel de Literatura, que no ha ido a recogerlo. No ha querido ir a recogerlo, no ha ido a coger ningún premio.
Hoy tiene 83 años, no sé si vive en Francia o en Inglaterra, ha vivido muchísimos años en Francia porque se encontraba libre, se encontraba bien. Ahora los 83 años, o 80, encontró por fin su camino, la religión.
Ha encontrado su religión y esta religión es lo que le ha permitido de encontrar la paz y la serenidad interior. Tiene una vida muy discreta, no sale, no se sabe nada de él, está una vida de ermitaño, ya no hace más canciones, siempre están a la moda las suyas, pero ahora tiene la serenidad. Porque ha encontrado y dicho por él, la vía de su religión, la vía de la espiritualidad.
Mis semillas, quisiera explicarles con estas simples palabras, que por muy famosos que seáis, o muy famosos que sean, el dominio que sea o la categoría puede ser un escritor, una escritora, puede ser un gran erudito, un gran científico, astrónomo, astrólogo. Si no sabes controlar tus emociones, si no sabes dar valor a tu Alma, de nada te servirá, ni serás feliz tú ni harás feliz a los otros.
Se necesita un justo equilibrio, un justo, ni todo ni nada, si tienes todo, comparte y si tienes nada, aprovecha para analizar y para sacar el tesoro que tienes dentro de ti porque puedes tener ideas brillantes, puedes inventar, puedes crear, puedes tener el suficiente económico o economía para vivir decente, bien y ser feliz, y sobre todo ayudar a los otros.
Y los que viven por la economía, el dinero, la riqueza, la avaricia, el poder, a ellos se lo darán pero igual que lo reciben, lo perderán, igual que lo tienen, se convertirán en lo que es riqueza.
Pero su alma la irán cerrando, poco a poco las cerrarán y esa Alma estará en una cárcel, porque el Alma no ha venido para enriquecerse, ha venido para elevarse en lo más alto del Universo, para venir a cumplir aquí nuestra Misión y para seguir siempre el Camino Recto, sea cual sea.
Por eso es tan importante nuestros pensamientos, nuestros gestos, nuestras atenciones, nuestro trabajo. Todo, todo tiene un honor, limpiar las calles, fregar los platos, decorar la casa.
Es tan precioso cuando decoras un rincón o un angolino de tu casa que te sientes bien, que es agradable que viene la gente a verte y dice que bien estoy aquí, eso es mi alegría. Y si hablamos del jardín, ese es mi paraíso, el jardín, las piedras, la madera, reciclar y dar una segunda vida.
Eso ya es la felicidad, porque compartes con los otros lo poco que se sabe una, hablo por servidora, lo poquito lo transmito porque sé que la otra persona lo hará mejor y en más grande. Me ha dado mucha pena lo que he ido a ver esta tarde, es la vida de Bob Dylan, los jóvenes lo conocerán, pero no tanto como nosotros, que hemos vivido esa época, donde se llenaba un estadio de fútbol para escucharlo a él,
Y sí es único, pero siempre solo estéril y vacío, nosotros no llenamos, no, una sala a veces, pero con alegría, con entusiasmo, con la sonrisa, nos abrazamos y estamos tan felices y tan contentos, esto es el Camino Recto, esto es el Camino Recto que tenemos que llevar siempre, siempre, enriquecer nuestra Alma, elevar nuestra Alma, dar alimento a nuestra Alma, es el trabajo de nuestra Alma para después volver de donde vinimos.
¡Venimos de las estrellas! y volvemos a las estrellas, todos sin excepción, todos, pero si tenemos nuestro Camino Recto, vamos más directos. Así que quería compartir lo que he visto esta tarde, que me ha dado mucha pena, muchas ganas de llorar por la soledad de este cantante, de este gran músico, un premio Nobel y ni siquiera dignarse ir a recogerlo, hay que respetarlo, claro está, pero entonces, ¿qué precio tiene esa vida?
¿Qué valor le ha dado a sus canciones? ¿Qué valor le ha dado a tantas horas de no dormir? Y querer simplemente cantar, cantar, cantar, pero ¿para quién? ¿Para quién? Yo les invito a cantar cuando se duchan o en la casa o en el trabajo o fuera, canten, rían, vivan inmensamente, porque la vida ya les digo yo, no es toda, ni fiesta, ni tristeza, tenemos todo.
Está una mezcla, de alegría, de tristeza, de risas, de llantos, de riqueza, de pobreza, de dolor y después de fiesta, sepamos aceptarlo, sepamos también obedecer cuando viene para después disfrutar las mieles, porque también recibimos mieles y hay que apreciarlas y disfrutarlas siempre, es algo exquisito, exquisito, exquisito.
Mis queridas semillas, espero que hayáis analizado, comprendido algo, porque es la vida de Bob Dylan, está en el cine quizás ya la han visto o van a verla, yo no lo repetiré, no lo repetiré, porque me ha dado mucha pena esa persona tan especial como Mozart, pero que no ha servido de nada.
No hablo de Mozart porque su música nunca desaparecerá, siempre estará viva en todos los corazones y en toda la época, pero ya no está aquí.
Así que mis semillas, con todo mi amor,
Vuestra Jardinera.