January 22, 2025

Aquí y ahora encuentra la Luz

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🎧 Escucha el Mensaje en la voz de La Jardinera

Mis queridas semillas,

Soy tan feliz, tan feliz que estoy realizando cosas que aún no se han terminado, pero que se van avanzando. Y sabéis que cuando se hace una limpieza, sea de la casa, sea de el taller, de herramientas, sea del jardín, del bosque, del campo, de la selva, o simplemente de nuestro interior.

Esa limpieza nos ayuda a elevarnos, nuestra Alma se libera y alcanza esas dimensiones que cuando queremos llegar, no podemos. Es en ese momento que hemos hecho esa gran limpieza y hoy ha sido uno de esos días.

¿Qué tesoros teníamos guardados y escondidos? Oy, mis semillas, si vierais, lo que nosotros llamamos el botiquín, que es el taller. Si supierais todo lo que tenemos, hay más en nuestro botiquín, en todas las empresas del planeta.

Podéis encontrar de todo, doble, repetido, requete, repetitido. Porque siempre ha pasado así, cuando algo se rompe, se compra, cuando no se tiene, se desea y se vuelve a comprar, y cuando está escondido, se vuelve a comprar.

Pero hoy hemos limpiado ese botiquín y hemos encontrado aún mucho más tesoros, la mitad rotos y nuevos, pero rotos, y hacía muy poco que se habían comprado, pero no importa, se empieza de nuevo, solamente quedará la persona que lo ha hecho, quedará para ella y su conciencia.

Quien no aprecia las pequeñas cosas, no puede apreciar las grandes, y un día si viene el Maestro de Tiberíades delante de vosotros, no lo reconoceréis, porque esperáis una grande Luz, esperáis algo tan inmenso que no lo veréis porque será un granito de arena, porque esperáis, sin saber, que una vez más está dentro de vosotros y el ejemplo lo dais vosotros.

Y si analizáis el ejemplo… de vuestra empresa, de vuestro trabajo, de vuestros estudios, de vuestra generosidad, lo comprenderéis, ojalá.

Mis semillas, la historia de hoy, fuimos a visitar un monasterio muy antiguo donde vivían unos monjes.

Siempre se habían renovado los votos y hacía siglos que estaban allí, pero llegó un año donde llamó a la puerta del convento un señor. Llamó y le abrieron y le dijeron: “¿qué desea? ¿desea agua?, ¿tiene sed?, ¿tiene hambre?” y le dijo: “no, no, no, no. He venido aquí simplemente a depositar este cofre lleno de oro.”

Era un cofre pequeñito pero lleno de oro, entonces, él abad, miró con sus hermanos, lo miraron y le respondió. “Gracias, pero nosotros no queremos oro, no necesitamos oro.”

Y aquel buen hombre le dijo,

“pero es que es mi placer ofrecérselo”

“No lo necesitamos”, le dijo “Lléveselo.”

Y de nuevo aquel buen hombre, generoso, le dijo, “bueno, me voy, pero aquí dejo el cofre con el oro, quien no lo necesite, puede servirse de él.”

Se dio media vuelta y abrieron la puerta, se fue, les desearon buen viaje y los monjes se miraron, se dieron media vuelta también y cada uno a sus obligaciones.

Pasó un día y evidentemente tenían que pasar delante de ese pasillo para ir al jardín, a la cocina, a las habitaciones, a la capilla, iban pasando, pero ignoraban el oro que estaba allí en el suelo.

Tantos días pasaron que terminaron por no verlo y olvidarlo completamente y viendo a aquel señor extranjero, que no salían, que no habían comprado, ni arreglado el monasterio, ni se había enterado que lo habían gastado, dijo “voy a ir a verlos.”

Subió el camino, llamó de nuevo a la puerta, le abrieron amablemente y dijo, “pero, ¿qué hace aún el oro aquí?” Y le contestó el abad, “no lo necesitamos”, “pero, ¿cómo es posible? Es oro, pueden ustedes vivir bien, tener dinero, tener comodidades, tener lujos, vivir felices”, el abad lo miró y le dijo, “no se canse, mi amigo, estamos aquí para buscar a Dios, vivimos en este monasterio para buscar a Dios y cada día lo buscamos y cada día anhelamos esa felicidad. No necesitamos comer, pues gracias a Dios nuestro huerto nos lo provee, no necesitamos agua, tenemos el pozo, Y no necesitamos ropas porque nosotros mismos nos las hacemos cuando necesitamos ponernos una, así que no necesitamos nada más que tener salud y buscar a Dios.”

El buen hombre los miró y dijo, “pues bueno, ya que he insistido tanto y que no lo quieren, no comprendo”. Entonces, de nuevo, el abad le dijo, “por favor, lléveselo y repártalo a aquellos que lo necesitan, a los pobres, a los que están en la calle, que ellos se lo agradecerán.” El hombre los miró y en ese instante comprendió.

Efectivamente esos monjes sólo vivían para Dios y sólo existía la salud, trabajar, alimentarse con lo que ellos mismos trabajaban y hacían crecer en su jardín y esperar que cada día tuvieran la visita de Dios.

Mis semillas hermosas, si nos diéramos la pena nosotros de pensar simplemente en que un día podría venir y que podríamos encontrarlo, seríamos tan felices, tan felices pero nos pasamos el día pensando en cositas pequeñas dejando que las grandes pongan una cortina y no las veamos, vamos a hacer como esos monjes.

Tenemos la salud, si tenemos suficiente para alimentarnos y para vivir el día al día, ya es suficiente, amasar fortuna no nos dará ni más felicidad, ni nos hará más grandes. Por eso vamos a pensar que cada día tenemos la visita de Dios y que nos sonríe y que nos da sus bendiciones. Ese es mi deseo hoy para vosotras, mis semillas y vosotros.

Las bendiciones de Dios del Padre del Universo, para que encontréis la alegría y la felicidad porque la tenéis dentro, ser conscientes, la tenéis dentro.

Con todo mi amor,

La Jardinera

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